Agricultura Guerrerense

 

Un campesino guerrerense durante su jornada laboral

El estado de Guerrero se ubica en la región denominada Mesoamérica,
la cual es reconocida por los científicos como uno de los lugares donde se originó la agricultura en el Continente Americano; diversos estudios (realizados por reconocidos investigadores) y evidencias arqueológicas permiten afirmar que en esta región del mundo, varios milenios antes de la Conquista española, los pobladores lograron domesticar algunas especies vegetales, dando inicio a una nueva etapa en el desarrollo de las sociedades humanas.

 

La agricultura, en el medio rural guerrerense, sigue siendo la actividad económica más importante, no tanto por la vocación productiva de sus suelos, que en la mayoría de los casos es limitada para dichos propósitos, sino por el número de personas dedicadas a la actividad agropecuaria, estimado en unas 800 mil que, a través del cultivo de la tierra, producen gran parte de sus alimentos, el de sus familias y el de la población urbana de la entidad y de otros estados.

Estimaciones de SAGARPA nos dicen que de 6 379 400 hectáreas de que se compone el territorio estatal, el 15.4% (982 427.6 ha) se destinan a la agricultura. En 2007, según el INEGI, la superficie sembrada fue de 841 677.7 hectáreas, de las cuales 82 693 hectáreas son de riego y 758 984.1 de temporal.

 

Imagen del campo guerrerense.

La agricultura de regadío en Guerrero, aunque antigua, difícilmente llegará a tener la importancia que tiene la de temporal, ya que aun contando con una considerable riqueza hidrológica la abrupta topografía sólo permite practicar esta actividad en el fondo de los valles y en las planicies costeras, teniéndose registros de investigaciones arqueológicas (Palerm, 1972) que precisan la existencia de 53 sitios de regadío prehispánicos en las diferentes regiones
del actual estado de Guerrero.

 

Se estima que a lo más que puede aspirarse, encuanto a superficie bajo riego, en esta entidad es a contar con 250 000 hectáreas; en tanto esto se logra,
actualmente la agricultura de regadío se desarrolla en seis distritos de riego y 451 unidades de riego, ambos distribuidos en las siete regiones guerrerenses.
Guerrero destaca en el contexto nacional, además de su producción de
maíz, por la de cocotero, café, mango, limón, melón, sandía y okra o angú.

El maíz, por sus múltiples variedades criollas y mejoradas, se adapta y se cultiva prácticamente en todas las regiones de la entidad, bajo condiciones diversas de clima, suelo y topografía, destinándose la mayor parte de su producción al autoconsumo.

La abrupta orografía del estado propicia una gama climática y edafológica donde prácticamente se adaptan la mayoría de las especies vegetales de interés económico; así, sobre los cultivos más importantes, existen
estadísticas de producción en menor escala de jamaica, ajonjolí, arroz, cacahuate, frijol, sorgo de grano, plátano, durazno, jitomate, aguacate,
tomate de cáscara, tamarindo, papaya, mamey, guayaba, diversas variedades de ciruelas y de hortalizas, sin considerar una larga lista de especies que aún no se cultivan en Guerrero, pero que la información disponible permite afirmar que existen áreas potenciales para su producción comercial.

En términos generales se puede afirmar que, en un contexto nacional, la agricultura de Guerrero, siendo muy diversificada, es de las más atrasadas
tecnológicamente, como resultado de factores culturales, socioeconómicos y naturales que le imprimen el perfil siguiente: básicamente temporalera;
con régimen de lluvias irregular; superficies importantes de cultivos en pendiente inadecuada; predominio de suelos con fertilidad media y baja, empobrecidos por el mal manejo; bajo índice de mecanización
agrícola y uso de semillas mejoradas genéticamente; infraestructura hidroagrícola ociosa subutilizada o mal conservada; créditos limitados, insuficientes y poco oportunos, aunados a una elevada cartera vencida;
frecuentes problemas de tenencia de la tierra; insuficiente y deficiente infraestructura de acopio y almacenamiento; limitada o nula cultura empresarial y organizacional, con marcado predominio del
individualismo; minifundio y comercialización deficiente, con elevado intermediarismo.