Día Internacional del Migrante

El 4 de diciembre de 2000 la Asamblea General de las Naciones Unidas, teniendo en cuenta que existía un importante número de inmigrantes en el mundo, y que ese número continuaba incrementándose, proclamó el 18 de diciembre como el Día Internacional del Migrante.

La migración ha sido históricamente una alternativa para los individuos y familias que buscan ampliar sus oportunidades de desarrollo  económico y social, además de un ambiente adecuado que les permita mejorar su calidad de vida, esto se ha acentuado en los últimos años con la globalización de las finanzas y la economía, que a la par de las mejoras en transportes y comunicaciones, han favorecido la movilidad de las personas a los países y regiones más desarrolladas; sin embargo, en el ámbito internacional y nacional la apertura de las fronteras a las personas y el marco legal que proteja sus derechos, no se ha dado con la misma intensidad, lo que implica que los migrantes y sus familias se encuentren en posiciones de vulnerabilidad ante las violaciones de sus derechos humanos y libertades fundamentales.

Se estima que en los últimos cinco años, salieron a radicar a otros países 1´112,237 mexicanos y de éstos, solamente el 31.5% regresó a territorio nacional, lo que refleja el carácter cada vez más permanente de la migración; en promedio la duración de la migración de aquellos que regresaron fue de 19.5 meses y aproximadamente cuatro de cada diez  permanecieron fuera del país menos de un año.

La migración de mexicanos a los Estados Unidos ha sido siempre un flujo histórico continuo debido a la vecindad geográfica, que ha variado según los procesos económicos, políticos y sociales que se viven, de acuerdo con el Censo de Población y Vivienda 2010, del total de connacionales que dejaron nuestro país, 89.4% tuvo como destino los Estados Unidos.

Según estimaciones del CONAPO con base en la ENADID 2009, se han multiplicado y diversificado tanto las zonas de destino de la migración, como las correspondientes rutas migratorias; los principales estados e la Unión Americana de destino de los migrantes mexicanos son California, Texas y Florida, que concentran el 30.7%, 16.4% y 8.1% respectivamente.

Otra de las características fundamentales de los migrantes mexicanos que cruzan la frontera hacia los Estados Unidos, es su estatus legal, se estima que el 66.2% de los mexicanos que migraron a los Estados Unidos, lo hicieron sin documentos, lo que implica  mayor riesgo en su viaje y condiciones menos favorables de salud, educación y empleo durante su estancia en el vecino país del norte.

Una de las expresiones más notables del fenómeno de  la migración internacional y del funcionamiento de las complejas redes sociales que genera, la constituye el envío de remesas de los migrantes a sus lugares de  origen. Estos recursos han variado en paralelo con la magnitud de la migración  internacional, la dinámica económica internacional y la cobertura de este tipo  de operaciones por parte de las instituciones financieras intermediarias. Según  estimaciones del Banco de México, las remesas enviadas a México han pasado  de  15,138.6 millones de dólares en 2003  a 21,271.1 millones en 2010.

Este hecho revela su importancia como   fuente de divisas y elemento fundamental en la economía familiar de millones de  hogares mexicanos en los que las remesas tienen un impacto significativo: ya sea  como sostén esencial o ingreso complementario que puede contribuir a elevar el  nivel de vida de sus miembros.

Para los mexicanos, migrar se ha convertido en  sinónimo de viaje a los Estados Unidos, sin embargo el fenómeno de la migración  no es exclusivamente internacional, sino que también se da a nivel interno (ya  sea interestatal o intermunicipal): el 18.4% de la población actual del país no  vive en el lugar en que nació (Cuadro 4). La migración interna se puede  explicar por la expansión del sistema carretero nacional, la mejora y rapidez  de los medios de transporte y la diferente localización de los procesos  productivos y en general a la búsqueda de mejores condiciones de vida.

Los flujos migratorios al interior del país han  moldeado la geografía nacional: en los años 70 y 80 del siglo pasado se dio un crecimiento acelerado de las ciudades de México, Guadalajara y Monterrey.  En los últimos 5 años las ciudades medias y  zonas de playa como en Baja California Sur y Quintana Roo han crecido en gran medida por la inmigración registrada, es así que estas reportaron el saldo neto migratorio más alto del país con 10% y 8.1% respectivamente.

La migración interna era tradicionalmente  rural–urbana, pero en los últimos veinte años ha experimentado un cambio: se ha  dado un crecimiento más rápido de las ciudades intermedias (cien mil a menos de  un millón de habitantes) que las grandes metrópolis (un millón o más); más aún resalta  el caso del Distrito Federal que presenta un  saldo neto migratorio negativo de -6.3% entre 2005 y 2010, lo que parece indicar que las grandes ciudades ahora también expulsan población a ciudades  medias.

El  fenómeno migratorio también incluye a los migrantes que van de paso por nuestro país para llegar a Estados Unidos o Canadá: los transmigrantes. Esta modalidad  también ocurre de forma legal o indocumentada. Se estima que cada año cruzan  por México alrededor de 250,000 transmigrantes indocumentados, tan sólo en 2010  el Instituto Nacional de Migración llevó a cabo 140,000 aseguramientos y registró 107,732 entradas de transmigrantes legales.

En  los últimos años la consideración de México como país de tránsito de migrantes ha  adquirido prioridad ya que se han develado diferentes problemáticas y  violaciones a sus derechos básicos, como son secuestros, trata de personas y  extorsiones, principalmente vinculadas al crimen organizado, pero también cometidos  por autoridades mexicanas.

Para  combatir las violaciones a los derechos humanos de los transmigrantesson necesarias  acciones coordinadas en los ámbitos federal y estatal, sobre todo en aquellas  entidades federativas que se han identificado como ruta de transmigrantes  indocumentados: Chiapas, Tabasco, Veracruz, Tamaulipas, Puebla, Guanajuato, Distrito  Federal, Estado de México, estados con costa hacia el océano pacífico (desde  Oaxaca hasta Sonora) y los estados de la frontera norte.

La situación de México como  país de origen, tránsito y destino de migración, obliga al Estado mexicano a  garantizar y gestionar, interna y externamente, el pleno cumplimiento de los  derechos humanos de los migrantes. La creación de oportunidades  de desarrollo personal es la forma más eficaz de dar una solución duradera al  fenómeno migratorio, por lo que resulta imprescindible insertar el tema de la migración en el marco más amplio del impulso al crecimiento de la producción y  el empleo, así como de los intercambios comerciales y de la inversión  productiva.  Se debe alcanzar un punto de equilibrio en el  que por un lado la migración sea una oportunidad desarrollo y por otro no imponga elevados costos en las zonas de expulsión, como despoblamiento, pérdida  de capital humano, familias desintegradas, etc., ni suponga violaciones a los  derechos de los migrantes y sus familias, tal es el reto de la política de  población en esta materia.

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