Feria de San Mateo, Navidad y Año Nuevo.

“Celaya y enero 11 de 1824. Señor: En el año de 1813 fue erigida y jurada ciudad por el señor Morelos el pueblo de Chilpancingo, en consideración a que en él se instaló el Primer Congreso de la Nación, y fue uno de los que se distinguieron y facilitaron sus progresos en el sur a favor de la Independencia: en él encontró hombres que dirijiesen las operaciones, combatientes que llevaron a la empresa hasta su conclusión, y recursos de todas clases”.

“La suma moderación de sus autoridades, la destrucción de muchas familias; y la pobreza de los que existen los hace enmudecer; pero me haría yo criminal, sino hiciera presente a V.M. los grandes servicios que ha prestado aquel pueblo, y que por lo mismo es digno de la consideración de V.M. para que si lo encuentra justo apruebe el nombramiento de ciudad con que distinguió a tan benemérito pueblo el memorable Morelos.

 

Este es el documento que, suscrito por el general Nicolás Bravo, fue enviado al Supremo Poder Ejecutivo para que Chilpancingo tuviera una feria cada año y sus habitantes pudieran resarcirse de las pérdidas sufridas durante la lucha de Independencia. Dicha gestión inicial, al seguir su curso, fue turnada por el entonces jefe superior político de la provincia de México, Melchor Múzquiz, al Congreso local el 14 de marzo del mismo año: “… a fin de que resuelva lo que estime oportuno, sobre la concesión de una feria anual en la ciudad de Chilpancingo de los Bravos”.

En el mismo mes y año, en la sala de sesiones del Congreso del estado, la Comisión de Hacienda determina: “… halla estar fundada esta solicitud en los grandes servicios que prestó aquel lugar con relación a la libertad de Independencia de la Nación, habiéndose instalado en él, el Primer Congreso Americano y habiendo hecho sus habitantes los mayores sacrificios para llevar adelante tan glorioso suceso a pesar de la destrucción de las familias de aquel lugar y de la suma pobreza a que quedaron reducidos los pocos que sobrevivieron a tantos infortunios y trabajos… Opina la Comisión que debe y puede concederle por este Congreso en virtud de sus facultades a la referida ciudad el uso de la feria anual que ha solicitado el excelentísimo señor Bravo y que ha recomendado el Supremo Poder Ejecutivo de la Federación bajo la calidad que enuncio de que concedida dicha feria se verifique anualmente desde el primero de Pascua de Navidad por ocho días consecutivos”.

El 26 de marzo de 1825 (un año después), el Congreso del estado de México, mediante Decreto 40, concede una feria anual a la ciudad de Chilpancingo:

“El Congreso de este estado ha tenido ha bien decretar lo siguiente:

“Artículo 1º. Se concederá a la ciudad de Chilpancingo de los Bravo una feria anual en el mes de diciembre, cuya duración será de ocho días.

“Artículo 2º. En este periodo de tiempo quedan exentos los tratantes y comerciantes que concurran a ella del pago de los derechos que pertenezcan al estado y de los municipios que están impuestos en el lugar.

“Lo tendrá entendido el gobernador del estado y dispondrá su cumplimiento, haciéndolo imprimir, publicar y circular.– Dado en México, a 26 de marzo de 1825.– Manuel Cortazar, presidente.– Francisco de las Piedras, diputado secretario.– José María Jáuregui, diputado secretario”.

El documento es copia fiel; se tomó de la Colección de Decretos y Órdenes del Congreso Constituyente del estado de México. Surge así, oficialmente, una de las festividades que revisten mayor importancia y que es representativa de las tradiciones de la ciudad.

Las personas mayores afirman que sus padres les hablaron de la fiesta; que no se celebraba (contraviniendo el decreto) el 24 de diciembre, sino el 21 de septiembre, fecha de San Mateo, en cuyo honor se llamó, en un principio, Feria de San Mateo, pero que, como en esos días llueve mucho, se cambió.

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Estandarte de la Feria de San Mateo, Navidad y Año Nuevo.

 

 

En la actualidad la fiesta se hace bajo la dirección de un patronato dependiente del ayuntamiento y todos los vecinos cooperan con entusiasmo en el ornato de las calles, mostrando su alegría y amabilidad características. Las celebraciones se inician el domingo anterior al 24 de diciembre, a las 13:00 horas, con el famoso Paseo del Pendón, reminiscencia de aquella fiesta de la época colonial, denominada con el mismo nombre, y que se realizó en la capital de la Nueva España desde 1530 hasta 1812, para recordar la caída del imperio azteca, el 13 de agosto de 1521, fecha en que se conmemoraba también a San Hipólito.

 

Durante casi 300 años de practicar dicha actividad se arraigó en la provincia; sacerdotes, españoles, criollos y pueblo en general la celebraban con otro significado, la enriquecieron con elementos culturales propios y quedó incluida en sus costumbres y tradiciones. A la vanguardia del pintoresco desfile llevan un estandarte que identifica la feria. Un charro, y a veces una charra, lo portan gallardamente, escoltado por otros dos; enseguida van las autoridades del ayuntamiento y los integrantes del patronato y luego un sinnúmero de danzantes: ocho locos, apaches, gachupines, manueles, 12 Pares de Francia, los viejos, los pescados, los diablos, los chimecos, moros cabezones, sin faltar los tradicionales tlacololeros y algunos carros alegóricos y mojigangas. Detrás de todos éstos, la muchedumbre bullanguera y entusiasta.

 

El inicio de la feria coincide con la Navidad y termina con la Noche de Reyes. Además del Paseo del Pendón participa la señorita Flor de Nochebuena, belleza que con su donaire y hermosura simboliza a la mujer chilpancinguense. En el festejo no puede faltar “el burrito de las castañas”, que carga dos barriles llenos de mezcal; las “cuelgas” para el Santo Patrono, la explosión de cohetes de vara, el “chile frito” y un grupo de charros. El desfile parte del Jardín de San Mateo, recorre las calles principales de la ciudad y termina en las instalaciones de la feria.

 

 

 

Al llegar a la nueva plaza de toros, lugar donde culmina el Paseo del Pendón, el pueblo llena el estadio para presenciar el “porrazo del tigre”, que consiste en la tradicional pelea de los hombres disfrazados de tigre que representan a los barrios que constituyen la capital. Después de aplaudir al ganador, la gente disfruta las diferentes danzas que participan y causan admiración.

Inaugurada la feria por el gobernador del estado, el festejo se ameniza con un sinnúmero de diversiones: jineteo de toros, peleas de gallos, juegos mecánicos, exposiciones artesanales y ganaderas, loterías, espectáculos y eventos culturales y artísticos, sin faltar la tradicional y suculenta comida chilpancingueña, con antojitos y delicadezas de la repostería guerrerense.

Al transitar por los pasillos y callejuelas, el visitante puede encontrar diversidad de mercancías y curiosidades que se pregonan en voces altas y repetitivas por comerciantes locales y por aquellos que, atraídos por la festividad, llegan de otros lugares del estado y de la República.

El espíritu religioso está presente en el ánimo del pueblo: en la entrada principal se ubica el nacimiento y una capilla. La noche del 24, poco antes de las 00:00 horas, se efectúa el Teopancalaquis en la Catedral de La Asunción, donde acude la gente para adorar al niño que acaba de nacer. Pueblo y danzantes asisten a pedir mercedes y dar gracias a Dios.

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Danza de Los Diablos.

 

Fuente

Enciclopedia Guerrerense. Guerrero Cultural Siglo XXI, A.C.