Grutas de Juxtlahuaca

 

Interior de las grutas.

Hace aproximadamente unos 90 millones de años, las placas tectónicas que tiene nuestra entidad se manifestaron en grandes movimientos. Estas fuerzas internas provocaron que lo que era mar hoy sean valles y montañas, cuyas rocas estuvieron compuestas de restos de animales marinos ricos en carbonato de calcio formando karst, relieves que han sido producidos principalmente por la disolución de la roca, gracias a la lluvia que durante miles de años fue cayendo sobre ellas disolviéndolas en forma gradual, lo que provocó que en el interior de algunas montañas se crearan cavernas y grutas (Endokarst: formas de relieve elaboradas por la disolución en el subsuelo), como las de Cuetzala, San Marcos, Pantitlán (en Chilapa), y otras de menor importancia; las más conocidas, Cacahuamilpa y Juxtlahuaca, son representativas de las bellezas naturales que ofrece nuestro estado; esta última es el principal interés del Circuito Turístico Chilpancingo–Río Azul.

 

En la carretera nacional México–Acapulco, a 10 km de Chilpancingo, está la comunidad de Las Petaquillas; de ahí se llega a los valles de Mochitlán y Quechultenango, luego a Colotlipa, en donde se halla la planta hidroeléctrica de este mismo nombre. Es un camino de 38 km, aproximadamente, desde la capital. La comunidad más cercana a las grutas de Juxtlahuaca lleva el mismo nombre que éstas y pertenece al ejido de Colotlipa. Hacia 1930, siendo gobernador el general Adrián Castrejón Castrejón, los habitantes de las poblaciones cercanas al lugar abrieron una brecha de 5 km que llega a la entrada de la caverna. A los costados de ésta surgen manantiales que forman el río Blanco, agua que los habitantes de Juxtlahuaca utilizan para el cultivo; otra corriente que proviene de las grutas es la barranca Tecomajapa. Los primeros pobladores llamaron a este lugar Juxtlahuaca, palabra que proviene de tres vocablos de origen náhuatl: coaxtla, que quiere decir: no hay; tlalli, que significa: tierra; y, uaqui, que se traduce como: seco. Por lo tanto, atendiendo al estricto significado de las palabras, Juxtlahuaca significa: “no hay tierra seca”. En sentido amplio, quiere decir: “todo está mojado. Todo está húmedo”. La cueva de Juxtlahuaca fue un importante centro ceremonial de los olmecas, que, al emigrar éstos, quedó en total abandono. Por mucho tiempo sólo sirvió de abastecimiento de guano de murciélago para los habitantes de esa zona, que lo utilizaban como abono de sus sembradíos. Los campesinos se internaban no más de unos 200 m, hasta lo que hoy se conoce como el Ramal del Infierno, hábitat de miles de quirópteros. En 1973, siendo gobernador del estado el licenciado Israel Nogueda Otero, apoyándose en el programa Caminos Rurales que implementó el presidente de la República, licenciado Luis Echeverría Álvarez, inició la construcción del camino que sale del lado este de Colotlipa, con una longitud de 7 km. Fue trazado por el señor Andrés Ortega Casarrubias, “el Chivo” (apodo asignado cuando fue estudiante de la Normal de Ayotzinapa). En ese mismo periodo se logra la electrificación de la entrada a las grutas, gracias a las gestiones que iniciara en 1948 don Ignacio Álvarez Torres, entusiasta trabajador de la Comisión Federal de Electricidad en la planta hidroeléctrica. Es preciso mencionar que don Andrés Ortega Casarrubias, sin recibir salario ni presupuesto alguno, se encargó de mantener en buenas condiciones la primera brecha. Los Ortega Casarrubias: Adolfo, Eliseo, Luciano y Dámaso, hermanos mayores de Andrés, “el Chivo”, iniciaron las primeras incursiones a las grutas, llegando hasta donde están las pinturas rupestres, denominando a este lugar Salón de los apaches.

 

Al ser inaugurados los trabajos de arranque de la planta hidroeléctrica en Colotlipa por el general Lázaro Cárdenas, éste visita las grutas; de ahí adquieren mayor importancia, y los hermanos Ortega deciden dinamitar un obstáculo que impedía continuar más allá del Salón de los apaches, a 1250 m de la entrada. En 1940, con material explosivo que proporciona la Comisión Federal de Electricidad, se abre paso a 2 km de nuevas cavernas, la parte más bella de las grutas. Cuando empiezan a ser visitadas por los turistas regionales, los encargados de conducir las excursiones eran Pedro Sánchez Casarrubias, Miguel Acevedo Catalán y los hermanos Ortega Casarrubias. El 1 de enero de 1958, siendo gobernador del estado el general Raúl Caballero Aburto, otorga el nombramiento de celador oficial al profesor Andrés Ortega Casarrubias, dependiendo de la Dirección de Turismo y Acción Cívica, con un salario de $350.00 mensuales. Don Andrés decide proteger las grutas de posibles visitantes no registrados, evitar accidentes, caídas o pérdida de personas, saqueo de vestigios arqueológicos y destrucción de estalactitas o estalagmitas, colocando una reja a 200 m de la entrada. La otra reja, que se encuentra en la entrada principal, fue enviada por instrucciones del gobernador Israel Nogueda Otero, por medio de la Dirección de Obras Públicas del estado. Accidentalmente, don Andrés Ortega descubre una nueva entrada –a la que denomina Camino nuevo– y, con ésta, 12 ramales más que hacen un total de 5 km de recorrido.

 

Serpiente trazada en una roca.

Bajo su libre arbitrio, don Andrés decide denominar los salones y figuras que se conocen hasta hoy, iniciando por la entrada principal: el Ramal del Infierno, llamado así porque ahí habitan miles de murciélagos de distintas especies cuyo excremento produce un olor peculiar y una temperatura de hasta 40 °C; la Cabeza o trompa de elefante; el Ramal de los sacrificios; la Sala del tambor; el Salón de la batalla del 5 de mayo (historia peculiar de un profesor en la década de los 50, quien incitó a sus alumnos a destruirlas estalactitas y estalagmitas, precisamente el día 5 de mayo); el Fémur gigante; el Paso de la iguana; el Salón de yo aquí me quedo; el Concurso de los perfumes o Paso del beso polaco; el Salón de la bajada del toro –es el más grande de todos, también llamado la Catedral; en este lugar se puede apreciar el mayor número de estalactitas y estalagmitas–; el Salón de la música –aquí existen las llamadas cortinas de cavernas de hermosos y variados colores, que por su resonancia fueron bautizadas por “el Chivo” como el Teponaztle, la Marimba y las Campanas; es el único lugar donde los visitantes pueden tocar las formaciones naturales–; la Tiara del papa; el Cementerio olmeca –en éste, don Andrés descubre osamenta diseminada, esqueletos petrificados, cráneos trepanados, restos pertenecientes a la cultura mencionada del periodo clásico (400 a 800 a. C.)–; el Salón de la leche Nestlé, llamado así por la similitud con un gran seno de mujer, entroncando aquí los dos caminos de acceso; el Salón del faraón egipcio; las Torres de la catedral de Guadalajara; la Sala de los animales marinos: ballena, tiburón y foca; la Columna del ala de ángel; la Virgen de Guadalupe; la Torre de Pisa; el Ramal o túnel del amor; la Ascensión del Señor; la Nave espacial. Después de estos salones existe un canal prehispánico construido, al parecer, por los olmecas, con arcilla; le siguen la Columna de la Independencia y el Salón de los apaches –donde se pueden apreciar las pinturas rupestres más antiguas de Latinoamérica, representadas por un sacerdote o chamán olmeca vestido con una piel de jaguar y en su costado derecho un lienzo; este personaje, según se observa, castiga a una doncella; en la cabeza lleva un tocado o penacho con un cometa que se eleva al cielo, y una arracada o argolla en la oreja izquierda. Los colores utilizados son: rojo, ocre, amarillo, negro y verde.

 

Posteriormente se encuentra el Salón del baile, llamado así porque el piso está completamente plano y se supone que aquí se realizaban las ceremonias olmecas. Más adelante, a 200 m, se encuentran otras pinturas: una serpiente con alas en la cabeza, con una longitud de 2 m aproximadamente, y un jaguar (la serpiente es unicornio con lengua y cola tridente; tiene una cruz en el ojo izquierdo, rasgo característico de esa cultura, en colores ocre, amarillo y negro). (En 1964, un italiano llamado Carlos T. Gay realizó su estudio y las dio a conocer en la revista Life). Más adelante están el Bautisterio; la Fuente encantada; el Lago de las mil maravillas, que, en tiempo de lluvias, el agua inunda totalmente, impidiendo el paso; el Ramal de los caracoles; el Jardín de los cristales, donde la cristalización de aragonita se transforma en flores como si fuesen crisantemos

 

 

Formación de una estalagmita.

El recorrido turístico, de 1500 m, aproximadamente, tiene una duración de casi tres horas. Existen más cavernas, pero se requiere equipo especial. El señor Armando Salmerón, originario de Chilapa, fue el primero en fotografiar las grutas entre 1950 y 1952, y publica las imágenes en la revista Catedral correspondiente al 20 de septiembre de 1953. A finales de esa década, el Gobierno del estado, encabezado entonces por el general Raúl Caballero Aburto, envía a un fotógrafo para hacer las tomas oficiales de las grutas de Juxtlahuaca. No es posible dejar de lado al protector de ellas: el profesor Andrés Ortega Casarrubias, “el Chivo”, y a sus hermanos mayores (los cinco ya fallecidos), a quienes se les debe la preservación y el cuidado desde 1930. Hoy sus hijos continúan con esa meritoria labor. Don Andrés les inculcó el amor a estas grutas, y el respeto a la naturaleza y a la vida.

 

Fuente:

Enciclopedia Guerrerense. Guerrero Cultural Siglo XXI, A.C.

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