Reseña Histórica

Reseña Histórica del Estado de Guerrero

Antecedentes Prehispánicos El territorio que ocupa actualmente la entidad estuvo habitado por grupos nómadas que recorrerían las distintas Regiones en busca de alimento y refugio, hace más de 20 mil años. Los vestigios más antiguos que se han localizado datan aproximadamente 22 mil años antes de nuestra Era y son los restos humanos hallados cerca de los límites de los Estados de Guerrero y Morelos, en el lugar conocido como la Cueva Encantada.

Otros vestigios un poco más recientes corresponden al siglo XV antes de nuestra Era, se han localizado en la Sierra del Norte, los Valles Centrales y en La Montaña y son testimonio de la vida diaria de los seres humanos de aquellos tiempos: puntas de Flecha, navajas, hachas, huesos tallados, dibujos en las paredes de las cuevas, etc.

Estos recolectores y cazadores, a través del tiempo fueron alcanzando un mayor grado de desarrollo cultural y una concepción del mundo y de la vida que transformó radicalmente su organización política y social, hasta el descubrimiento de la agricultura, que permitió el paso al sedentarismo.

Hace aproximadamente 8 mil años, los recursos físicos y naturales del territorio estatal permitieron mejores condiciones de vida y desarrollo material. Entre los años de 7000 y 5000 antes de Nuestra Era se empezaron a establecer algunas aldeas en los márgenes de los Ríos, o a orillas de los lagos y se desarrollaron las técnicas del tejido, la cerámica, la cestería y se perfeccionaron los instrumentos de trabajo.

Con el paso del tiempo, el Teocintle, grano antecesor del maíz y el Xoloitzcuintle o perro desnudo, que abundaban en algunas partes de la entidad, fueron convirtiéndose en la base de la alimentación de estos grupos y aportando nutrientes de mayor calidad que influyeron en su desarrollo físico y cultural.

De esta forma, la Organización Familiar se transformó en Organización Tribal y se dieron las primeras formas de división del trabajo.

La Religión jugó un papel importante como aliciente espiritual y como medio para la explicación de numerosos fenómenos naturales. Con base en una interpretación mágica. El establecimiento de aldeas fijas es un indicador importante de los cambios sufridos por los grupos humanos al sedentarizarse, y uno de los asentamientos de este tipo más remoto de los que se han localizado en el país, corresponde al hallado en Puerto Marqués, cerca de Acapulco, en donde se han encontrado objetos de cerámica con una antigüedad de aproximadamente cinco mil años.

En el actual territorio estatal, los antiguos habitantes alcanzaron un progreso notable, aunque su identidad es causa de polémica. Para algunos autores los mismos Olmecas que formaron la Región del Golfo de México y crearon las primeras Castas Culturales de nuestro país, habitaron también algunas regiones de la entidad, lo que fundamentan en la existencia de una gran cantidad de vestigios diseminados en parte de su territorio y afirman que después de seis siglos de florecimiento su cultura desapareció al mezclarse con otros grupos y perdieron su predominio e identidad.

Para otros autores, la cultura Olmeca dejo sentir su influencia sobre los grupos locales después de que éstos alcanzaron un desarrollo cultural y material propio. Algunos coinciden en reconocer la importancia que alcanzó la cultura Mezcala, la cual tuvo un asiento en los márgenes del Río del mismo nombre (también conocido como Balsas) y se difundió hacia la Costa del Pacífico, la Tierra Caliente, las Sierras de Norte y el Centro y Sudamérica, a través del comercio.

Sin embargo, los primeros atribuyen su origen a la herencia directa de la cultura Olmeca y su conexión con otras culturas, mientras los segundos le atribuyen influencia Olmeca, posterior a su surgimiento.
De cualquier manera, la cultura Mezcala desarrolló un estilo propio y original en la escultura y la cerámica, que se caracteriza por su sencillez, como se aprecia en los trabajos de jadeita, jade, riolita, serpentina, basalto y pedernal, que representan figuras y rostros humanos, animales y viviendas.

La influencia Olmeca es inobjetable, tanto como por su cosmovisión del mundo, como por la característica del hombre Jaguar. Otro rasgo esencial de la influencia Olmeca fue el agrupamiento de las aldeas dispersas, la construcción de templos ceremoniales y el establecimiento de una organización política, cultural y religiosa, administrada por sacerdotes que fueron asumiendo funciones de Gobierno. Más adelante, la cultura Mezcala asimiló e incorporó a su estilo el modelo cultural Teotihuacano en su cerámica, integró en algunos lugares el juego de pelota que tenía un carácter ritual e incorporó sus elementos característicos a la escultura en piedra.

A principio de nuestra Era el desarrollo alcanzado por los pueblos que habitaban el Centro y el Sureste de México les permitieron establecer relaciones comerciales con los pueblos distantes.

De esta manera arribaron al actual territorio estatal, como lo habían hecho los Teotihuacanos, los Purépechas, Mixtecos, Mayas y Zapotecos, quienes crearon retos comerciales terrestres, fluviales y marítimos, que ya en el siglo VII hicieron posible un intercambio cultural intenso y aportaron nuevos elementos a los pueblos de la cultura Mezcala. Incluso han sido localizadas paletas de piedra para moler pigmentos, que parecen estar influidos por el estilo de la cultura Honokam, del Sur de los Estados Unidos de América.

En el siglo VIII, otro grupo llegó a enriquecer el mosaico cultural de la entidad, eran los Toltecas, herederos de la cultura Teotihuacana, que tuvieron por las Sierras del Norte la principal puerta de entrada a su ruta comercial. Su aportación fundamental fue difundir las técnicas de aleación, fundido y trabajo de minerales metálicos, especialmente en Tierra Caliente y en la Costa Grande.

Los artesanos Toltecas utilizaron las resinas y los vistosos plumajes de las aves selváticas para la elaboración del arte plumario y difundieron también el uso del papel ámate. Hacia la segunda mitad del Siglo XII de nuestra Era, el Imperio Tolteca decayó y los pueblos influidos por su cultura fueron dominados por los Chichimecas, quienes posteriormente integraron el Imperio Mexica.

Para el siglo XIV, se encontraban ya asentados en el territorio de la entidad, diversos pueblos con sus características culturales propias, conviviendo algunos de manera pacífica y otros en constantes conflictos bélicos. Entre los más importantes estaban los Purépechas, Cuitlatecas, Ocuitecas y Matlatzincas, en la Tierra Caliente; los Chontales, Mazatlecos y Tlahuicas en la Sierra del Norte; los Coixcas y Tepoztecos en los valles Centrales; los Tlapanecos y los Mixtecos en La Montaña; los Jopis, Mixtecos y Amuzgos en la Costa Chica y los Tolimecas, Chubias, Pantecas y Cuitlecas en la Costa Grande.

Generalmente cada pueblo era regido por un señor o consejo de principales; figuraban además los sacerdotes, quienes organizaban y dirigían los ritos y a los Guerreros que se encargaban de defender el territorio del pueblo y sostener el orden dentro de la comunidad. Otro grupo era el de los productores artesanos y agricultores, que estaban en la base de la organización social.

Su economía se basaba en la agricultura y se complementaba en ocasiones con el tributo que pagaban otros grupos sometidos con la explotación de algunos minerales y el comercio.

Otras características de esos pueblos fueron su vestuario de algodón, sus casas eran de bajareque y su religión politeísta, en la que los dioses representaban los elementos naturales y eran denominados según las diferentes lenguas que los grupos guerrerenses desarrollaron para comunicarse.

En el año de 1414 el gobernante Mexica Chimalpopoca, al dirigir sus campañas expansionistas contra los pueblos Matlatzincas asentados en los Valles de Toluca, incursionó en la parte de Tierra Caliente de Guerrero, pero fue hasta 1433 cuando Itzcóatl, proveniente del actual Estado de Morelos, penetró a Guerrero, atacando con sus ejércitos a los Cuitlatecos asentados entre los ríos de Teloloapan y Cocula, al Norte del Río Balsas.

Fue así como entraron por primera vez en lo que hoy es el estado de Guerrero, los soldados del naciente Imperio del la Triple Alianza.

Para 1438, Itzcóatl ya había denominado a los pueblos de la región Norte del Estado. Posteriormente, en 1440 denominó una parte de La Montaña, muriendo en ese mismo año; lo sucedió Moctezuma Ilhuicamina, quien con la finalidad de extender el dominio Mexica emprendió cinco campañas al Sur durante su mandato, que abarcó de 1440 a 1452.

En su primera campaña reconquistó a los pueblos de la zona Norte; en su segunda incursión conquistó una parte de los pueblos de la zona Centro; en su tercera campaña tenía dos finalidades: Vengar la muerte de sus embajadores en manos de los Coizcas y ampliar su dominio en la zona Centro.
Posteriormente inició una cuarta campaña por el Sur y con su poderoso ejército conquistó la región de La Montaña, derrotando en esta ocasión a los Mixtecos y Tlapanecos.

En 1452 Moctezuma realizó una última campaña en este territorio y en su intento por dominar a la región de la Costa Chica fue derrotado por los indómitos yopis, por lo que el orgulloso emperador regresó a la gran Tenochtitlán decepcionado, siendo esta su peor campaña en tierras Surianas.

De 1452 a 1511 el Estado de Guerrero siguió siendo escenario de cruentos combates entre los Mexicas y los diferentes grupos que habitaban el Sur, principalmente los purépechas y los yopis. Durante este tiempo incursionaron en el Estado los Emperadores Mexicas Moctezuma I, Netzahualcoyotzin, Axayácatl, Ahuitzonzin, Moctezuma Xocoyotzin y Tizoc, con el objeto de establecer un pleno dominio de los pueblos; cabe señalar que Moctezuma Xocoyotzin fue el último Emperador Mexica que emprendió una Campaña Militar en el Sur, antes de la llegada de los españoles.

Durante la conquista y dominación del Sur, los Mexicas crearon siete provincias de Tepecuacuilco y Taxco, dependían los pueblos que formaban la Región Norte y Centro del Estado. Los pueblos de La Montaña estaban sujetos a las provincias de Quiahteopan, Tlapa y Tlalcocauhtitla. De Cihuatlán dependían los pueblos de la hoy Costa Grande y por último, a la provincia de Igualtepec los pueblos que comprendían la región de la Costa Chica.

Para ejercer el control de las provincias, los Mexicas establecieron en la región de la zona Centro una jurisdicción militar, la cual tenía dos finalidades: vigilar que los pueblos dominados aportaran su tributo correspondiente y abastecer de pertrechos y alimentos a los guerreros que se encontraban luchando en las zonas de operaciones militares, contra los purépechas en la Tierra Caliente y los yopis en la Costa Chica.

Chihuastlán y Tepecoacuilco eran las principales regiones tributarias, de las cuales obtenían productos agrícolas, animales silvestres, metales preciosos, sal y algodón. Esto muestra el panorama del dominio Mexica en el Sur, hasta la llegada de los españoles.
Durante la resistencia mexica a la Conquista Española nació uno de los héroes más destacados de la historia de nuestro país, Cuauhtémoc, último gobernante Azteca, hijo de una princesa chontal, originaria de Ixcateopan y de Ahuizotl hijo del Gobernante Mexica del mismo nombre.
Destruida Tenochtitlán y sometidos los Mexicas, el Océano Pacífico atrajo la atención de los conquistadores, esencialmente por motivos económicos. Hernán Cortés ordenó en 1519 que se explotara la provincia de Cihuatlán o Zacatula, como la llamaron los conquistadores, para cerciorarse de la existencia del Mar del Sur y de las riquezas en oro y perlas, la cual estuvo a cargo de Gonzalo de Umbría.

A fines de 1520, el mismo Cortés mandó reconocer la región Taxqueña con el objeto de localizar metales para fundir piezas de artillería. De esta manera, la penetración armada fue formalizando la conquista del territorio sureño, que no encontró gran resistencia debido al temor que había despertado la noticia de la caída de Tenochtitlán y por la carencia de medios adecuados para derrotar a los agresores; además la dispersión y poca relación entre los distintos grupos étnicos impedían la unificación de una sola fuerza.

Algunos grupos se aliaron a los españoles con la esperanza de verse favorecidos; otros, como los Amuzgos, optaron por retirarse y ceder sus terrenos. Los yopis, desgastados por el asedio mexica, no pudieron hacer frente solos a los invasores por mucho tiempo.

La Costa Chica y la Sierra Tlacotehua se caracterizaron por una densidad demográfica muy reducida; la Sierra Cuitlateca fue subestimada por su escaso valor tributario; la Costa Grande estaba habitada por grupos étnicos de hábitos seminómadas; los purépechas en la Tierra Caliente se hallaron también muy debilitados y desgastados por su forcejeo permanente con los Mexicas.

Por todo lo anterior, la conquista y sumisión del territorio fue rápida y completa, incluso en la mayoría de los casos los pueblos enviaron emisarios a visitar a Cortés para informarle de su sumisión voluntaria.
En 1521 Rodrigo de Castañeda penetró y tomó el sector minero de Taxco; Gonzalo de Sandoval dominó la región Chontal; la Sierra del Norte, el valle de Iguala y el Centro de Coixcatlalpan. Un año después, el mismo Gonzalo de Sandoval sujetó la Costa Chica donde se fundó el sexto ayuntamiento de la Nueva España, con cabecera en el poblado de San Luís Acatlán y dominó parte de La Montaña.

En 1523, Juan Rodríguez de Villafuerte se apoderó de Cihuatlán y casi toda la Costa Grande; después de destruir el poblado indígena de Zacatula fundó sobre sus ruinas la Villa de la Concepción, donde se instaló poco después el octavo ayuntamiento de la Nueva España y el primer artillero, en el cual se construyeron dos carabelas y dos bergantines.

Por encargo de Cortés construyó después en Zihuatanejo tres bergantines más y en ese mismo año llegó a Acapulco, al que denominó Villa Fuerte y cuya encomienda logró obtener tiempo después.

Isidro Moreno dominó varios pueblos de la Sierra de Tlacotepec y la parte alta de la Costa Grande en la región denominada Atlatomahua. Sin embargo, al finalizar la primera década de la Conquista, los españoles habían reducido violentamente dos rebeliones indígenas, una en Costa Grande en los astilleros de Zacatula, provocada por las vejaciones y la explotación y otra en San Luís Acatlán en la Costa Chica, donde los yopis trataron de recuperar su independencia y destruyeron el pueblo matando a una gran cantidad de españoles.

Antecedentes Coloniales
Durante el proceso de la Conquista, el territorio, los pueblos y los indígenas fueron repartidos en encomiendas entre los soldados españoles, en recompensa por sus servicios prestados a la Corona. De esta manera se conformaron alrededor de 76 encomiendas, cuyo usufructo llegó a beneficiar a 854 titulares que iniciaron propiamente la explotación de minas, tierras, bosques e indios, bajo la simulación de la evangelización, la protección a los indígenas y la tributación a la Corona.

Uno de los primeros encomendados de la región, que tuvo a Tlapa como encomienda, fue Hernán Cortés, quien consideró a los tlapanecos como un pueblo de mayor cultura y desarrollo social con respecto a los demás.

La encomienda implicaba una facultad delgada de gobierno para el encomendero, que de alguna manera fue la primera autoridad política local. Otra modalidad establecida por la Corona para recompensar a sus soldados, fueron las Mercedes Reales, que consistía en la donación directa de tierras, de tal manera que había españoles dueños de las mismas y otros que sólo utilizaban la fuerza de trabajo indígena para su beneficio.

En el caso de las Mercedes Reales, la explotación de la fuerza de trabajo consistía en una especie de peonaje intermedio entre el tributo personal y el pago por el trabajo. En el caso de la utilización de la fuerza de trabajo indígena, el pago de tributo con trabajo era una especie de servidumbre, a la cual estaban hasta cierto punto acostumbrados los indígenas, por haberse dado en la época anterior a la Conquista y porque se consideraban como una forma de sumisión al conquistador.

La evangelización se llevó a cabo principalmente por los Frailes Agustinos en la zona Centro, Montaña y Tierra Caliente y por los Franciscanos en la zona Norte, la Costa Grande y Acapulco.

Durante la primera mitad del siglo XVI las enfermedades traídas por los españoles, ante las cuales los indígenas no tenían defensas, la terrible explotación y los abusos de los conquistadores, repercutieron en una notoria disminución de la población indígena, principalmente en la Costa Chica y hubo necesidad de traer esclavos negros para suplir la fuerza de trabajo de los indios.

Este fenómeno dio lugar a la formación de los pueblos o repúblicas de indios, que llegaron a sumar 213 en todo el territorio. Estas repúblicas constituían prácticamente un régimen de gobierno municipal específico para los indígenas, cuya función era administrar los intereses de los pueblos y de los indios que los habitaban y representarlos de manera formal ante las autoridades españolas, tanto de manera judicial, como en la agraria.

Los españoles, cautelosos ante las formas tradicionales y en ocasiones secretas de la organización de los pueblos, tuvieron el cuidado de que fueran los grupos de caciques o de principales quienes resultaran elegidos como gobernantes o tenientes de alcaldes menores, como también se les llamaba.

Sin embargo, los intereses corruptos manejados de muchos encomenderos provocaron el efecto contrario al esperado, pues estos intervenían burdamente para imponer autoridades proclives a ellos, lo que impuso un orden autoritario pero no la paz.

Siguiendo el modelo del gobierno municipal establecido en las alcaldías mayores, que eran las instancias de jerarquía superior de las repúblicas de indios, se integraban por un consejo de principales conformado por un gobernador de naturales o principal mayor, un alcalde de naturales o Tlayacanqui, un mayordomo o mayor, varios diputados o regidores, un escribano y varios alguaciles o topiles, al mando de un tequitlato, quien dirigía el trabajo de los comuneros.
Estas repúblicas contaban además en cada cabecera de alcaldía mayor o partido, como se les llamó después, con un protector de naturales (procurador), designado por el gobierno Virreinal para atender en primera instancia las solicitudes recibidas, reunir la documentación conducente y tramitarla.

También en la Ciudad de México había un apoderado comisario para tratar asuntos ante el fiscal de la Real Hacienda, encargado de la procuración legal de los indígenas, quien integraba los expedientes y los tramitaba hasta la final resolución del Virrey, o en su defecto, de la Real Audiencia. A esta organización política de indios, que en apariencia les daban autonomía relativa, pero que en realidad los sujetaban más, correspondía una organización económica de la comunidad cuyo patrimonio eran sus tierras.

Con el reconocimiento del Orden Tradicional Indígena, en las repúblicas de indios se arraigó la corrupción; las disputas de tierras y aguas que servían de instrumento a arribistas y vividores mestizos, mulatos y españoles, sirvieron para despojar de su patrimonio a los indios.

Por otro lado, la Organización Religiosa Hispana suplementó a la indígena y jugó un papel importante para resguardar, hasta donde fue posible, la identidad cultural de los pueblos.
La construcción de los templos fue una empresa que asumieron con entusiasmo todos los miembros de la comunidad indígena que habían visto destruir las suyas propias.

Las cofradías llegaron a ser expresión de muchas necesidades de la vida cotidiana, de tal manera que la vida social de los pueblos era inimaginable y resultaban incomprensible sin un fondo de religiosidad.
Así transcurrió la vida en el orden político de los antiguos guerrerenses durante la Colonia. En la segunda mitad del siglo XVIII se reconoció que las repúblicas de indios eran inoperantes y el deterioro o desgaste de las relaciones sociales de producción, propias de la Colonia, socavaron el orden de éstas hasta hacerlas desaparecer en muchos casos.

El Régimen Colonial, sin embargo, ideó diversas formas de explotación del indígena, como el cuatequil o repartimiento forzoso, que obligaba a los pueblos a proporcionar tres o cuatro veces al año un número determinado de indígenas para trabajar en minas, haciendas, talleres, obrajes, etcétera, sin recibir ningún pago.
En cuanto a las alcaldías mayores, la de Acapulco fue la que llegó a tener mayor importancia, ya que abarcaba la Costa Chica y parte de la Costa Grande; su alcalde mayor se convirtió a su vez en gobernador, con el título de Teniente General de las Costas del Mar del Sur. Además de las alcaldías mayores existían jurisdicciones como Zacualpa, Igualapa y Zirándaro; todas ellas con un gobernador y alcaldes menores, de las cuales dependían numerosos pueblos indios. La abundancia de jurisdicciones se mantuvo muchos años y originó complicados problemas de administración.

En la segunda mitad del siglo XVIII el gobierno español decidió transformar la organización política y sustituyó las audiencias por intendencias y las alcaldías por partidos.

El actual territorio estatal se dividió entre tres Intendencias y las alcaldías se convirtieron en partidos, de tal forma que el partido de Tlapa pasó a depender de la Intendencia de Puebla; los partidos de Chilapa, Taxco, Iguala y Acapulco a la de México y el resto del territorio que comprendía Zacatula, los poblados de Zirándaro, Pungarabato y Cutzamala de Valladolid.

El 4 de diciembre de 1786 se expidió la Real Ordenanza de Independencia que conformó a la Nueva España en 12 Intendencias. Con esta fragmentación, el actual Estado de Guerrero quedaba comprendido dentro de las intendencias siguientes:
Intendencia de México: con los partidos de la ciudad de los Reyes y Puerto de Acapulco; Tetela del Río y Azuchitlán; Zacualpál, Tabasco e Iguala, Tepecuacuilco y Oapan, Tixtla y el de Chilapa.
Intendencias de Valladolid: con los partidos de Guimeo y Curándaro y el de Zacatula, además el agregado de Cinagua y la Aguacana.
Intendencia de Puebla que comprendía los partidos de Tlapa e Igualapa.

Al conformarse la primera división política de la Nueva España, en el segundo tercio del siglo XVI, se estableció la Real Audiencia y se dividió el territorio de la nueva España en cinco provincias, dentro de las cuales se establecieron corregimientos y alcaldías mayores, que tenían como objeto vigilar el orden de los pueblos y regular las relaciones entre los españoles y las comunidades indígenas. De esta forma se establecieron en el territorio sureño las alcaldías mayores a Tlapa, Taxco, Iguala, Chilapa, Acapulco y Zacatula, bajo la jurisdicción de la provincia de Puebla la Primera, de la de México las cuatro siguientes y la de Valladolid la última.

Siglo XIX En el siglo XIX, cuando comenzaban a soplar vientos de transformación político social en la Nueva España, los tres largos siglos de coloniaje gestaron un ambiente prerrevolucionario y un profundo sentimiento de liberación en el pueblo suriano, que estalló con el movimiento insurgente y se mantuvo durante toda la centuria haciendo tomar a este pueblo, amante de la libertad, un papel de vanguardia en la formación de la nueva nación, cuyo producto más directo fue la creación de la entidad suriana.

 A finales del siglo XVIII, la situación económica, política y social de la Colonia había provocado un gran malestar entre la población; en la región central los indígenas habían presentado enérgicas demandas en defensa de sus tierras al Gobierno Virreinal y se había creado un ambiente de agitación.

Los criollos y los mestizos veían cada vez con mayor resentimiento la marginación política y social de la que eran objeto por parte de los peninsulares, quienes a través de la división social de castas se habían perpetuado en el poder político de la Colonia. Además, las ideas liberales de la ilustración francesa introdujeron cambios importantes en España y trastocaron el corazón del sistema colonial, con una serie de reformas que se dejaron sentir fuertemente en la Nueva España.
Los síntomas de rebeldía se reflejaron en diversas conspiraciones realizadas por criollos; la más importante sin duda fue la de Valladolid en 1809, en la cual participó don José María Izazaga, originario de la hacienda del Rosario, en el actual municipio de Coahuayutla. La conspiración fue descubierta, pero en 1810 la nueva conspiración organizada por el cura Miguel Hidalgo logró levantar el primer movimiento armado contra el poder colonialista español. La respuesta en lo que hoy es la entidad guerrerense fue inmediata; en sólo quince días de iniciado el movimiento, se levantaron en armas los primeros insurgentes en Tepecoacuilco, donde ya funcionaba una junta revolucionaria encabezada por Valerio Trujano. A fines de ese año ahí fueron fusilados los primeros insurgentes caídos en el territorio suriano.

En 1811 José María Morelos fue comisionado por Hidalgo para levantar en armas el Sur, consciente de la importancia que tenía para la causa Insurgente el Puerto de Acapulco. Morelos entró a tierras surianas siguiendo la ruta de la Costa Grande, donde integró inmediatamente un contingente de ayuda a José María Izazaga, de Coahuayutla, los hermanos Galeana de Técpan y Juan N. Álvarez, de Atoyac.

Después de varios intentos, comprendió que no se podía tomar el puerto, dejó tendido un cerco y marchó a los valles centrales, donde se le incorporaron la familia Bravo de Chichihualco, el matrimonio Catan de Chilpancingo y Vicente Guerrero en Tixtla. Después de tomar Chilapa decretó la creación de la providencia de Tecpan, como una jurisdicción Territorial Autónoma en la Zona Liberada por el Ejército Insurgente, la cual fue gobernada por un Juez Territorial o jefe de la provincia, cuyo título recayó en Antonio Galeana, jefe de la familia Galeana; el Superior Tribunal, encargado de la administración de justicia, la curia náutica, encargada de todos los asuntos relacionados con el movimiento marítimo y la administración fiscal, necesaria para hacer frente a los gastos militares y gubernamentales.
La provincia de Tecpan llegó a tener 56,868 kilómetros cuadrados, es decir, el 39 por ciento del actual territorio estatal, de los actuales 75 municipios quedaron comprendidos los territorios actuales de 57, parcialmente los de 11 y no formaban parte los 7 restantes.
Es clara la importancia que tuvo como antecedente la provincia de Tecpan en la estructuración de la entidad, 38 años más tarde; a pesar de que el Régimen Virreinal, lógicamente nunca reconoció y que ésta desapareció en 1817.

El Segundo Órgano de Gobierno Independiente durante la Guerra de Independencia, fue el Congreso de Anáhuac (el primero fue la junta de Zitácuaro), el cual fue convocado por Morelos y realizado en Chilpancingo el 13 de Septiembre de 1813, para lo cual se le dio el título de ciudad con el nombre de Nuestra Señora de la Asunción. Después de nombrar como General del Ejército Insurgente a Morelos, éste dio lectura a los famosos documentos conocido como los “Sentimientos de la Nación”, donde se hacen declaraciones Generales de Gobierno y se proclama solemnemente la total Independencia de México. Sin embargo, la interrupción de las acciones militares permitió al Ejército Realista retomar la ofensiva, lo que vino a modificar sustancialmente la correlación de fuerzas y el Ejército Insurgente sufrió un grave debilitamiento.

Después de la muerte de Morelos, Vicente Guerrero tomó en sus manos la bandera de la insurrección en un periodo de resistencia, en donde la guerrilla permitió mantener vivo el deseo de la libertad e independencia y recobrar la iniciativa militar en varios frentes. Sin embargo, llegó un momento de tal equilibrio de fuerzas, que no era posible ampliar más la lucha independentista y Guerrero comprendió que su aislamiento le impedía lograr la libertad total del país.
De la misma manera, el Ejército Realista al mando de Agustín de Iturbide, como Comandante General en el Sur, ante la imposibilidad de derrotar al Ejército Insurgente se inclinaba a la negociación.

El 14 de febrero suscribieron el Plan de Iguala, que contenía 24 artículos, entre los que destacan, el que señala la Independencia de la Nueva España, el establecimiento de un Gobierno Monárquico moderado y la formación de un ejército protector denominado de las Tres Garantías.

Una nueva bandera, elaborada por un modesto sastre de Iguala, representó al Ejército Trigarante.
El 17 de octubre, Iturbide ordenó la creación de la Capitanía General del Sur, que formaba parte de un proyecto que estableció cinco regiones militares en el país y nombró al General Vicente Guerrero Mariscal de Campo. Esta que era la quinta Capitanía Militar General, incluía las jurisdicciones de los partidos de Chilapa, Tixtla, Ajuchitlán y Técpan, de la provincia de México y las de Jamiltepec y Teposcolula de la de Oaxaca. Oficialmente llevaba el nombre de Capitanía General de Chilapa, sin embargo, Vicente Guerrero instaló su Cuartel General en Tixtla por su propia seguridad. Esto constituyó un segundo antecedente de la conformación de la entidad.

En 1821, la junta provisional gubernativa dispuso que se debía mantener el sistema creado por la real ordenanza de intendentes de 1786, que dividía el territorio de la Nueva España en 12 intendencias, 3 gobiernos y 2 provincias internas; de tal manera que el actual Territorio Estatal estaba dividido entre las intendencias de México, Puebla, Michoacán y Oaxaca.

Posteriormente, a la caída de la monarquía y establecimiento de la primera república, el actual Territorio Estatal volvió a quedar dividido en varias jurisdicciones.
La Constitución federalista de 1824 declaró que las partes integrantes de la Nación Mexicana “son Estados libres, soberanos e Independientes” por lo que se integraron 25 Estados. El Territorio Estatal, quedó repartido entre los Estados de Michoacán, Oaxaca y Puebla y principalmente el de México.

La integración de la entidad guerrerense no fue fácil, en 1823 el General Nicolás Bravo y el General Vicente Guerrero gestionaron ante el Segundo Congreso Constituyente la creación del Estado del Sur, con jurisdicción idéntica a la antigua Capitanía General del Sur, pero no lo lograron.

Teléfonos
Emergencias 066
Denuncia 089
Atención ciudadana 01 800 000 7422