Zonas Arqueológicas Guerrero

Investigación Arqueológica en los Sitios más Representativos

ZonaA1Pocas personas conocen el enorme potencial arqueológico que tiene Guerrero. En distintos momentos, el Instituto Nacional de Antropología e Historia ha realizado el registro de sitios o zonas arqueológicas de de diferente naturaleza y edad, actividad necesaria antes de avanzar en cualquier investigación arqueológica.

Entre 1939 año en el que se identificaron ciento treinta y seis sitios y el ultimo reporte de 2007, el numero de sitios que se conoce aumento a casi dos mil. De las zonas registradas, solo en unas cuantas se han realizado rescates, salvamentos o proyectos de investigación específicos, y únicamente siete se consideran abiertas al público.

Varios de los sitios arqueológicos investigados, aunque no se puedan visitar o incluso hayan desaparecido, han dejado información relevante para conocer y entender el desenvolvimiento de las sociedades precortesianas.

La foto es de la zona arqueológica de Tehuacalco, municipio de chilpancingo, de la cultura yope, que nunca pago tributo ya que nunca la conquistaron los aztecas.


Los Trabajos Arqueológicos en Guerrero

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Las intervenciones arqueológicas en Guerrero han pasado por varios momentos que reflejan los diversos enfoques y la profundidad de los trabajos y las investigaciones. Se pueden distinguir cuatro etapas, de las que mencionaremos, a grandes pinceladas, sólo aquellas que consideramos han contribuido al mejor conocimiento sobre el pasado arqueológico.

Fotografía correspondiente a la zona arqueológica de la Organera, municipio de Eduardo Neri, de la cultura MEZCALA.


Avances, Problemática y Perspectiva de la Arqueología en Guerrero

ZonaA3Hoy ya es insostenible la idea de que las sociedades que habitaron en el actual estado de Guerrero eran subdesarrolladas, que carecían de una cultura propia y que su evolución dependía de influencias venidas de culturas más avanzadas. Los datos aportados por la arqueología, sobre todo en los últimos treinta años, indican todo lo contrario. Entre las aportaciones más significativas están el conocer que Guerrero constituyó una parte integral de Mesoamérica desde la época olmeca y que la particularidad de sus restos arqueológicos lo separan del resto del occidente de México; el comprobar que los vestigios olmecas en la entidad corresponden a sociedades altamente jerarquizadas y son tan antiguos como los de la costa del Golfo; el constatar que el sistema de techumbre conocido como bóveda falsa es oriundo y más antiguo en Guerrero y no una influencia venida de la zona maya, y el haber determinado que las esculturas de estilo mezcala forman parte de una cultura regional, la cultura arqueológica mezcala, que antecedió y sobrevivió a Teotihuacán.

Quedan, sin embargo, varios problemas por resolver. A pesar de los avances sustanciales en el registro de sitios, sigue faltando la cobertura de grandes áreas en la entidad, como la Montaña, la Tierra Caliente, la Costa Chica, y la alta Sierra Madre del Sur y la región Norte del estado. La investigación en esas áreas y otras más, cuando no es inexistente, es insuficiente e inconexa; existen enormes lagunas en el conocimiento del Clásico guerrerense y del Posclásico en general; algunos objetos se siguen identificando sólo por su estilo, como las figurillas de estilo xochipala, pero no se sabe a qué cultura arqueológica pertenecieron. Asimismo, se desconoce la antigüedad y naturaleza de las relaciones de Guerrero con culturas extramesoamericanas, percibidas por la introducción de la metalurgia en la cuenca del Balsas, por objetos de estilos centro o sudamericano, como las lápidas de Placeres del Oro o las vasijas de Tezahuapa, y por algunos del ahora territorio estadounidense, como las paletas Honokam.

De esta manera, aún hay mucho campo por delante en lo que se refiere a la investigación arqueológica en el estado. La perspectivas, es cierto, no son todo lo alentadoras que quisiéramos, pues esta actividad se enfrenta a diversos obstáculos, con frecuencia ajenos a ella. Sin embargo, la arqueología de Guerrero es fascinante y con cada palada se descubren testimonios que revolucionan conocimientos previos. Por eso, pese a todo, los arqueólogos interesados en tan extraordinario pasado seguimos trabajando con entusiasmo. Por su vigencia, termino citando un párrafo escrito hace más de medio siglo por los notables antropólogos Roberto Weitlaner y Robert Barlow: ¿No debería algo del esfuerzo ahora muy comúnmente dirigido hacia excavaciones espectaculares derivarse hacia regiones que han permanecido demasiado tiempo en blanco en el mapa?”.


Las 4 etapas de la Arqueología en Guerrero

Primera Etapa
Ocurre entre fines del siglo XIX y 1940. El arqueólogo escocés Wiliam Niven (1850-1937, emigro a Estados Unidos en 1879) permaneció en Guerrero de 1890 a 1911, lapso durante el cual se ocupó de poner en marcha diversas actividades para el desarrollo económico de la entidad. Entre una y otra empresa excavó numerosos sitios arqueológicos y documentó con notas, dibujos y fotografías sus hallazgos; asimismo, recogió cientos de objetos que vendió a museos estadounidenses. Entre sus aportaciones más importantes para la arqueología esta el haber rescatado la primera figurilla bellamente modelada en arcilla que muchos años después se nombró como de estilo xochipala. Asimismo, haber excavado el espectacular sepulcro de de Placeres del Oro y, sobre todo, haber relacionado a las pequeñas esculturas en forma humana que posteriormente se conocerían como de estilo mezcala y transicional, con sitios construidos con piedra labrada en la cúspide de las montañas, concibiéndolos como “una cadena de ciudades”.

Segunda Etapa
Transcurre de 1940 a 1950. Los años cuarenta del siglo XX se caracterizaron por la intervención de notables antropólogos, nacionales y extranjeros, que se organizaron en partidas o expediciones para hacer los primeros reconocimientos y registros de sitios arqueológicos. Entre ellos sobresale la figura del antropólogo austriaco Roberto Weitlaner, quien atravesó la alta Sierra Madre del Sur y, junto con Roberto Barlow, hizo la delimitación de una zona cultural, a la que nombro Yestla-Naranjo. A su vez, Pedro Armillas reconoció gran parte del Balsas Medio identificando distintas zonas de distribución arqueológica; realizo el estudio de sitios fortificados y de los sistemas de cultivo en los playones del río, y sintetizó la regionalización y cronología arqueológica para la subárea cultural del occidente de México en la que, en aquel entonces, se incluía a Guerrero. Miguel Covarrubias destacó en muchas actividades artísticas, pero también fue un excelente antropólogo autodidacta. Sus principales contribuciones para la arqueología de Guerrero fueron la identificación de las esculturas pétreas de estilos puramente locales, que englobo bajo el termino de estilo mezcala, el inicio de la clasificación tipológica de las figuras antropomorfas y la delimitación de la provincia arqueológica del río Mezcala en cerca de trece mil kilómetros cuadrados.

Tercera Etapa
Va de 1950 a 1970. A pesar de que se realizaron dos grandes proyectos de salvamento arqueológico con motivo de la construcción de las presas José María Morelos conocida como La Villita y El Infiernillo, los trabajos arqueológicos en el resto del estado fueron sumamente escasos; los de Robert Greengo en el norte de Guerrero nunca se publicaron; los de Noemí castillo y Raúl Arana en la presa Vicente Guerrero, infortunadamente se perdieron, y los de Paul Schmidt en el sitio de La Cueva y el valle de Chilpancingo sólo se conocen por su tesis de doctorado. El desinterés y la falta de vigilancia propiciaron entonces el incremento desmesurado de saqueos clandestinos.

Cuarta Etapa
Es la que comprende las investigaciones recientes; abarca de 1970 hasta la fecha. Sobresalen los trabajos de Jaime Litvak y Paul Schmidt, verdaderos pioneros de la arqueología moderna en Guerrero. Ambos han contribuido a identificar, de tanto en tanto, los principales problemas y perspectivas de la arqueología en la entidad. Con su amplia visión se enfocaron hacia la “arqueología de área”, pues para ellos uno de los principales problemas mas fue y sigue siendo la cobertura del territorio guerrerense para identificar, registrar y fechar los sitios arqueológicos.

Luisa Paradis realizo trabajos en la Tierra Caliente y en una amplia zona en la cuenca del río Tepecoacuilco. A ella corresponde la primicia de haber excavado y fechado por vez primera las enigmáticas figurillas de estilo mezcala en Ahuinahuac. Los arqueólogos guerrerenses Rubén Cabrera, Guadalupe Martínez Donjuán, Felipe Rodríguez y Raúl Barrera han incrementado la información arqueológica principalmente en el Balsas Bajo y en el valle de Cocula, en el sitio de Teopantecuanitlán, en el salvamento arqueológico de la presa El Caracol y en el sitio de Ixcateopan, respectivamente.

Rubén Manzanilla dirigió los trabajos de salvamento arqueológico cuando se construyo la autopista Cuernavaca-Acapulco y se localizó, entre muchos otros, un sitio arqueológico relevante llamado Cuetlajuchitlan. Además, ha investigado los vestigios en la Costa Grande y Acapulco.

Christine Niederberger contribuyó, de modo breve pero sustancial, a la investigación arqueológica en Teopantecuanitlán, al diferenciar los testimonios dejados por una clase intermedia entre los gobernantes y el campesinado. Plasmo su amplio conocimiento sobre la época olmeca y la arqueología de Guerrero en dos excelentes artículos póstumos. Raúl Arana y Miguel Pérez Negrete han trabajado en la zona arqueológica de Tehuacalco; el primero, además, ha realizado trabajos de prospección en Oztuma, y el segundo meritoriamente destaca por el reciente registro de cientos de de sitios arqueológicos.

Teopantecuanitlan

La zona arqueológica más importante de época Olmeca descubierta hasta hoy en Guerrero es Teopantecuanitlán. A partir de su descubrimiento fortuito en 1983, se instrumento un proyecto de investigación arqueológica que la ha revelado como un enorme centro rector, con arquitectura de barro y piedra, escultura monolítica y sistemas hidráulicos únicos para su tiempo. Aunque los edificios más grandes se concentran en cincuenta mil metros cuadrados, se calcula que el asentamiento se extendió sobre ciento sesenta hectáreas. Por los datos cerámicos, de tiestos locales contemporáneos con otros de estilo olmeca, se sabe que fue habitada principalmente entre los años 1000 y 500 a. C., lapso en el que se realizaron varias modificaciones y se construyeron nuevos edificios.

Tiene una ubicación privilegiada en el extenso valle de Copalillo, donde confluyen los ríos Amacuzac y Mezcala, lo que la proveyó con dos recursos indispensables para lograr su crecimiento: los fértiles campos de cultivo y el agua dulce, a los que sumo un sistema hidráulico impresionante formado por un canal de irrigación que se desprende de una presa nutrida por un manantial y por los escurrimientos de los cerros circundantes.

El conjunto arquitectónico más importante se conoce como El Recinto. Consiste en un patio hundido rodeado por muros levantados con enormes bloques de piedra , recortados en forma tal que no se necesitó unirlos con mezcla. Sobre dos de los muros, al este y oeste, se colocaron cuatro esculturas monolíticas que al parecer representan deidades del agua o de la lluvia. Con las manos sostienen mazorcas de maíz y portan algunos atuendos propios de jugadores de pelota. En el exterior del patio se descubrieron los restos de etapas arquitectónicas anteriores recubiertas con aplanados de lodo: una escalinata con alfardas rematadas con dos cabezas de felinos estilizados.

Al norte de El Recinto quedan grandes fragmentos de esculturas con rasgos humanos, una cabeza semejante a las encontradas en la Costa del Golfo pero de menores proporciones y una gran escultura que representa a una rana. Al sur se localizaron evidencias de cuartos sobre una plataforma, escaleras, pisos y fogones, por lo que se supone que es el lugar donde habitaron los dignatarios del lugar. Aislado, hacia el norte, hay un juego de pelota que posiblemente date de una época posterior al resto del asentamiento.

Hacia el norte del conjunto principal, donde se encuentra el canal de irrigación, también hay dos basamentos decorados con un diseño de puntos y barras intercalado con nichos verticales. Arquitectura similar fue localizada recientemente por Giselle Canto en el sitio de Zazacatla, Morelos, donde descubrió dos esculturas del mas puro estilo olmeca colocadas en los nichos.

Espacios Funerarios en Chilpancingo

También de la época olmeca, corresponde a Guerrero aportar una innovación en la técnica arquitectónica. Al oriente de la capital, Chilpancingo, se realizo un rescate arqueológico en el entonces naciente fraccionamiento Sociedad Cooperativa de Vivienda Regional del Sur (Coovisur), donde se excavaron varias construcciones que albergaban enterramientos humanos acompañados con ofrendas. Los restos esqueléticos estaban colocados en cistas, en criptas y en una tumba techada con el sistema conocido como bóveda falsa.

A pesar del gran disturbio causado por un saqueo parcial del interior de la tumba, todavía fue posible recuperar los restos humanos de al menos cinco individuos adultos, varios ornamentos de piedra verde identificada como jadeita,diorita y feldespato olmeca , en las que se ofrendo copal, sal, maíz y restos de otros vegetales que fueron intencionalmente quemados.

Por el tipo de vasijas que se tributaron a los ocupantes de la tumba, se sabe que fue utilizada entre los años 1000 y 500 antes de nuestra era, lo que la convierte en el ejemplo más antiguo del uso de este tipo de techumbre.

Ahuinahuac

Hasta hace pocos años se desconocía des de cuando habian sido elaboradas las esculturas de estilo mezcala y a que otros materiales estaban asociados. Hacia finales de la década de los ochenta se efectuaron exploraciones en el sitio de Ahuinahuac, situado sobre la margen derecha del río Mezcala, en el municipio de Tepecoacuilco.

El sitio tiene una extensión de doce hectáreas y se conforma por tres complejos arquitectónicos habitacionales donde se construyeron fosas funerarias. Ahí se recuperaron varios tipos de cerámicas locales, como el blanco granular y el predominante Ahuinahuac engobe interior, que se caracteriza por estar cubierto de manera imperfecta con engobe oscuro. En un relleno de velación del conjunto principal y a distintas profundidades se excavaron seis figurillas de estilo mezcala con forma humana y, en el conjunto situado al oriente, otra con forma de animal, al parecer una ardilla o mono. Por medio del radiocarbono se fecharon entre 700 y 230 a. C., Con base en estas fechas y su asociación con las cerámicas locales, se propuso que las piezas de estilo mezcala fueron producidas y usadas durante el Horizonte Preclásico Superior y Terminal.

Tezahuapa

Un hallazgo reciente, realizado por Antonio Porcayo en Tezahuapa, municipio de Tixtla, viene a acrecentar el conocimiento pero también a abrir nuevas interrogantes- sobre el Horizonte Preclásico en Guerrero. Allí identifico dos momentos de ocupación. Al primero, fechado por medio de radiocarbono entre 1000 y 750 a. C., atribuye un conjunto habitacional con edificios palaciegos colocados alrededor de un patio hundido. Los edificios desplantan sobre basamentos decorados con talud y tablero cubiertos con estuco, ejemplo prematuro de talud-tablero que muy posteriormente se desarrollaría en Teotihuacan.

En el segundo momento de ocupación, igualmente fechado por carbono 14 entre 750 y 400 a. C., sitúa a una cista con enterramientos humanos, semejantes a las de Chilpancingo, en la que se ofrendó una vasija arriñonada cubierta con engobe blanco, forma y acabado común en la época olmeca. También se localizo un basurero contemporáneo con numerosas vasijas rotas, de formas y decoraciones caprichosas, las cuales contuvieron flores y plantas medicinales carbonizadas, posiblemente quemadas durante algún ritual especifico, después del cual se desecharon los recipientes.

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