Zonas Arqueológicas Guerrero

Cuetlajuchitlan

Ubicada en el municipio de Huitzuco, esta zona arqueológica fue accidentalmente descubierta cuando estaba siendo destruida por los constructores de la autopista Cuernavaca-Acapulco. Para preservarla, bajo ella se construyó el túnel de los Querendes. Se calcula que abarco treinta y cinco hectáreas, de las cuales solo se han explorado dos. Estuvo ocupada principalmente en los dos siglos anteriores a nuestra era y en los dos primeros de esta. Por ciertos rasgos arquitectónicos y escultóricos se sabe que formo parte de la cultura mezcala en su etapa correspondiente al Formativo.

Cuetlajuchitlán destaca por su temprana planificación a partir de dos ejes transversales formados por estrechas calles enlajadas, desde donde se distribuyen nueve conjuntos arquitectónicos levantados con cantera rosa, cortada y ensamblada con gran maestría. El asentamiento se adapto a la pendiente del cerro y cuenta con infraestructura hidráulica formada por una red de drenajes y depósitos para almacenar agua, la que se condujo por medio de canales enlajados desde un manantial localizado quinientos metros al oeste.

En la zona hay varios conjuntos de cuartos habitacionales, tanto para los artesanos como para los dignatarios del lugar. En los llamados Recinto Ceremonial y Taller de Cantería se localizaron cuatro tinas monolíticas, dos de ellas con un asiento al interior, por lo que se piensa fueron usadas para baños rituales. En otras áreas se encontraron muestras del trabajo de bloques de piedra, de segmentos cilíndricos de columnas, de cuentas y placas de piedra verde, del labrado de madera y del curtido de pieles. De ahí se reportan cincuenta vasijas, algunas con representaciones antropomorfas modeladas, que fueron colocadas como ofrendas de una de las habitaciones de élite, así como dos burdas figurillas de estilo mezcala excavadas en un pasillo y en un relleno.

La Organera – Xochipala

Uno de los sitios urbanos mas representativos de la cultura mezcala durante el Epiclásico (650/700-900/1000 d. C.) es La Organera-Xochipala, que se erige sobre una de las estribaciones de la Sierra Madre del Sur, a escasos tres kilómetros del poblado de Xocchipala, en el municipio de Eduardo Neri (antes Zumpango del Río).

Esta zona arqueológica forma parte de un sistema de asentamientos con arquitectura mamposteada que se distribuye sobre los filos montañosos que se desprenden de la meseta de Xochipala, los que en conjunto conforman “ciudad discontinua”. Tal dispersión se ha interpretado como la necesidad de dejar libre la extensión mayor de tierras cultivables de la meseta, conocida como El Llano, pues seguramente constituyo y aún ahora constituye el granero de la sierra.

La Organera-Xochipala, cuyo nombre significa “la flor que pinta de rojo”, se construyó sobre uno de estos filos en sentido norte-sur, para lo cual se modificó la inclinada topografía del terreno por medio de cortes y rellenos artificiales con objeto de crear terrazas a varios niveles, sostenidas y cubiertas con robustos muros en talud, a las que se doto con un sistema de infraestructura hidráulica: depósitos para almacenar y distribuir agua y una red de drenajes ocultos. Los edificios se construyeron en medio de las terrazas o se situaron alrededor de plazas y patios, comunicados por pasillos y numerosas escaleras.

En su sector norte, escasamente excavado, se localizan varias estructuras, como un juego de pelota y los montículos más altos que rodean dos patios hundidos, a uno de los cuales se accede mediante un pasillo techado con bóveda falsa. En el sector sur se han liberado treinta estructuras. Entre ellas sobresalen tres géneros arquitectónicos que se replican en toda la región Texcala: los edificios techados con bóveda falsa, posibles cámaras funerarias; los basamentos para templos, con muros en talud y tablero decorado con hileras de piezas circulares conocidas como clavos, y las estructuras palaciegas o palacios porticados, con pilares de planta cuadrangular o rectangular en la fachada, columnas de planta circular formadas con segmentos cilíndricos en su interior y techos planos. Estos últimos se reproducen con gran maestría en las maquetas arquitectónicas de estilo mezcala.

El estudio de más de treinta mil fragmentos de cerámica indico que casi en su totalidad fue de manufactura local; la mayoría fue utilitaria en forma de cajetes y ollas elaboradas con diferentes arcillas o como cántaros y tinajas blanco granular, que en mucho recuerdan a las que todavía se elaboran en Tulimán, Guerrero. La minoría fue modelada con finas arcillas y cubierta con engobe bien pulido, en tonos rojos, naranja o negros unas cuantas con bellos motivos incisos- y otras en que se continua la vieja tradición de cubrirlas con engobe jaspeado, de aplicación imperfecta.

Las herramientas fueron abundantes, fabricadas con diversas piedras pulidas en forma de hachas, cinceles, plomadas, azuelas, metates y manos de metate. Las de obsidiana, como navajillas y puntas de proyectil, en cambio, fueron escasas, pues este vidrio volcánico no existe en Guerrero con la calidad que se requiere para tallarlas y debió de ser traído de regiones lejanas de Michoacán, Veracruz o Hidalgo.

Las costumbres alimentarias de los antiguos pobladores de la zona quedaron atestiguadas por numerosos desechos de huesos de animales, principalmente de venado y liebres, y en menor número de pecarís, aves, peces y otros más. Las conchas de caracoles y moluscos bivalvos algunas trabajadas como adorno indicaron su procedencia mayoritaria del Pacifico, aunque también las hubo del Golfo o el Caribe.

Al decaer el sitio (hacia 900/1000-1100/1200 d. C.) varios de sus deteriorados edificios fueron reocupados, ya no por la sociedad dominante sino por un reducido grupo de personas que vivieron modestamente en su interior o que los utilizaron como granero. Más tarde la zona fue abandonada por un lapso de doscientos años y, por último, fue ocupada nuevamente después de 1400 d. C., como atestiguan los escasos tiestos de cerámica azteca encontrados en cuartos levantados sobre plazas y patios, pues para entonces los edificios del Epiclásico estaban totalmente derruidos y cubiertos con una espesa capa de tierra.

Los restos humanos fueron muy escasos, pues solo se recuperaron tres esqueletos, pertenecientes a un anciano, un joven y un niño. Los restos botánicos, en cambio, fueron excepcionalmente abundantes pues se excavaron cerca de dos metros cúbicos de mazorcas de maíz, que se preservaron en excelentes condiciones por haberse quemado. En el análisis de más de quinientas mazorcas se lograron identificar diversas variedades, siendo tres de ellas las más numerosas: tabloncillo, zapalote chico y bolita, resaltando que la ultima, a la que se suponía reciente, resultó ser prehispánica. En piedra verde se elaboraron numerosas cuentas de collar y otros adornos, pero sin duda uno de los hallazgos más significativos en la Organera-Xochipala es la localización de tres figurillas de cuerpo entero y tres cabecitas de estilo mezcala in situ, en clara asociación con edificios del Epiclásico, edad corroborada con doce fechas de radiocarbono.

Palma Sola

Esta zona arqueológica se localiza a la ladera sur del cerro de El Veladero en el puerto de Acapulco. Aunque carece de vestigios arquitectónicos y no hay seguridad sobre su antigüedad, destaca por las dieciocho rocas de granito grabadas con motivos antropomorfos, así como de la flora y fauna propias den entorno y, al parecer, de cuentas calendáricas y de la geografía del lugar.

En los motivos esquemáticas sobresalen las figuras humanas con rasgos faciales y corporales apenas sugeridos por medio de líneas y puntos, ya sea de cuerpo entero o representadas por la cabeza y parte del cuerpo, o bien solo por la cabeza de contorno cuadrangular, circular o triangular, algunas con un diseño en forma de ancla bajo ellas. La mayoría están en actitud estática y no llevan vestimenta ni atuendos, pero en numerosas ocasiones están unidas por líneas que se han interpretado como la representación de relaciones de parentesco, con algún ancestro, o entre diferentes grupos sociales. Otras, que parecerían estar en movimiento, sugieren su participación en festividades y ritos, y unas cuantas, con penachos, bastones de mando y otros atributos se relacionan con sacerdotes o chamanes.

Ixcateopan

Esta zona arqueológica, cuyo nombre es náhuatl significa “en el templo del algodón”, se encuentra en el municipio de Ixcateopan de Cuauhtémoc. Por las evidencias hasta ahora descubiertas se sabe que fue ocupada en el ultimo periodo prehispánico, lo que permite conocerla no sólo por la arqueología sino también por las referencias escritas.

El poblado actual está asentado sobre gran parte de la zona arqueológica, por lo que sólo se ha explorado una pequeña porción de cerca de cinco mil metros cuadrados al sur del mismo, donde quedan los restos de construcciones de mampostería con recubrimientos de estuco, levantados en varios momentos. El conjunto de la última etapa constructiva sugiere su utilización para ceremonias religiosas, para funciones administrativas y de almacenamiento, donde se llevaban a cabo actividades de transformación, de redistribución de productos y de intercambio comercial. De los edificios quedan restos de muros verticales y en talud correspondientes a habitaciones y plataformas, respectivamente, destacando los altares de planta circular. Para salvar las diferentes alturas del terreno se utilizaron numerosas escalinatas.

Los recientes trabajos arqueológicos incluyen, entre otros, la exploración de varios entierros humanos a los que se ofrendaron cajetes Azteca III, bezotes de obsidiana y adornos de cobre que formaron parte de collares.

La cerámica se ha estudiado someramente, sin embargo la presencia de alfarería local, sobre todo en forma de molcajetes trípodes decorados en rojo o marrón sobre crema, o pintados en negro y rojo sobre crema, y su asociación a tiestos importados, como los llamados Aztecas III, Rojo Texcoco y Cholula Policromo, indican que durante la última ocupación del sitio tuvo una estrecha relación con el centro de México.

Las fuentes escritas señalan que Ixcateopan estuvo habitada por los matlame o matlatzincas, por los coixcas o cohuixcas, que hablaban una variante del náhuatl, o por el grupo chontal, del que muy poco se sabe, y que una vez conquistado por los mexicas se convirtió en su aliado para combatir a los tarascos y paso a formar parte de la provincia tributaria de Tepecoacuilco. Como su nombre lo indica, el algodón debió ser el producto más importante, el que tributaba en forma natural o como prendas confeccionadas.

Tehuacalco

Ubicada a escasos diez kilómetros de Tierra Colorada, esta zona arqueológica fue construida en la cúspide de una montaña que se condiciono artificialmente. El asentamiento principal se extiende por doce hectáreas. Y, aunque su investigación está en proceso, se supone que fue habitada a partir del Posclásico Temprano. En su arquitectura masiva destaca el estilo peculiar del recubrimiento de sus muros, a base de lápidas lisas y verticales rodeadas por pequeñas lajas horizontales, conocido como paramento mixteco.

En la construcción del edificio mas alto se utilizo una pequeña elevación natural que fue recubierta con muros de contención; se accede por el sur mediante rampas intercaladas con amplios descansos escalonados. Sobre ella desplanta un basamento piramidal con escalinata hacia el poniente, frente a la que se coloco un pequeño altar de planta rectangular.

Al sur se encuentra un gran juego de pelota rematado con cabezales en ambos extremos, donde hay un remetimiento a manera de portería, y escalinatas laterales para su acceso. Más al sur se levanta una amplia plataforma donde se ubica el área habitacional, con cuartos que rodean patios hundidos y un sistema de canales de desagüe. Al oriente se encuentra una gran plaza y un área que posiblemente fue habitada por los mandatarios del lugar, en la cual se han iniciado excavaciones.

Oztuma

Situado en el municipio de General Canuto A. Neri, este sitio inexplorado fue una de las fortalezas que utilizaron los mexicas para defender la frontera del territorio por ellos conquistado contra los tarascos. Gracias a los trabajos de prospección, es decir, aquellos que se realizan sin excavar, se sabe que el sitio se conforma por tres conjuntos arquitectónicos levantados con grandes lajas careadas en la cúspide de las montañas: El Puerto del Niño, La Malinche y Oztuma, el principal.

En el asentamiento más grande se construyeron basamentos para templos, un pequeño juego de pelota, aposentos para los dirigentes y cuartos para la milicia. De gran importancia para sus moradores fue que ahí se encuentra un manantial, al que se acondicionó arquitectónicamente techándolo y construyendo escaleras para acceder al agua. Una gruesa y alta muralla lo rodea completamente. El único acceso al sitio es por medio de un estrecho camino que pasa sobre puentes construidos sobre fosos, protegido por puestos de vigilancia.

En el Puerto del Niño hay una gran plataforma que posiblemente sostuvo construcciones para el culto, y en la Malinche una pequeña guarnición de planta triangular. En la ladera de las tres elevaciones montañosas se han localizado numerosas terrazas, en las que se supone fueron levantadas habitaciones con materiales perecederos. Rodeando las tres montañas hay otra serie de murallas circundantes, todo lo cual hacia que el lugar fuera inexpugnable.

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